Cuidando a Tanya

[ anal, pedo, Mg5 ]

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Published: 21-Dec-2011

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This work is Copyrighted to the author. All people and events in this story are entirely fictitious.

Capítulo 1

"¿Puedo tomar un baño ahora?"

Tanya bajo las escaleras a toda prisa. Siempre me he preguntado cómo logra evitar caer, pero al parecer, tiene pleno control de la mayoría de lo que hace.

Tanya es mi sobrina - el orgullo y gozo de mi hermana y mi fuente de admiración y misterio. Ella es una de esas chiquillas que logran impresionarte con su inteligencia y perspicacia. Siempre está intentando entender el mundo y a las personas que las rodea. Casi nunca nada escapa a ella. Y cuando hay algo que no entiende insiste hasta lograr una respuesta que la satisfaga.

Siempre tuve muchas oportunidades de admirarla, pues al ser su único tío y soltero continuamente se me pedía que ayudara a cuidarla. Me resultaba difícil negarme cuando mi hermana me hablaba pidiéndome que la cuidara por la noche, un día o un fin de semana. Mi trabajo es muy flexible y me lo permite. Tanya siempre se comporta muy bien y puede pasarse todo el día en el jardín descubriendo nuevas cosas, en mi computadora o biblioteca.

Tanya tiene cinco años.

Cuando Tanya bajó las escaleras yo la estaba cuidando durante todo el fin de semana. Mi hermana y su esposo estaban de viaje visitando la familia que vivía muy al norte y querían hacer el viaje sin Tanya. Querían aprovechar y pasar unos días solos. Por mi parte no me importaba quedarme unos tres o cuatro días cuidándola. A Tanya no le importaba no ir, pues así tenía una oportunidad de pasar un buen tiempo con el tío Don. Ella llegó a mi casa con una maleta llena de ropa, muñecas, libros y lo que pueda ocurrírsete. Pasamos la mayor parte del día explorando mi propiedad que era bastante grande.

Era viernes por la tarde y el día estaba llegando a su final. Por lo menos para Tanya.

"¿Puedo tomar un baño ahora, tío Don?"

Me repitió, sacándome de mis pensamientos.

"Claro Tanya. ¿Puedes llenar la tina por ti misma?"

"¡Ya lo hice!"

"Que lista. Con el ruido de la TV no me di cuenta.

"OK, ¡estaré contigo en un segundo!"

"¡Súper! ¡Nos vemos arriba!"

Habiendo dicho esto Tanya subió las escaleras a toda prisa.

Apagué la TV y la seguí. Mi recamara está en la planta alta y el cuarto de al lado tiene una tina que Tanya disfruta mucho. Es lo suficientemente grande para que un adulto se acueste y para alguien de su tamaño funciona como una pequeña alberca.

Cuando entré al baño, Tanya estaba ajustando la temperatura del agua para que estuviera un poco más caliente. Ella sabía muy bien que no podía meterse a la tina por si sola. Ella ya se había quitado toda su ropa (su vestido y sus calzoncitos) y estaba ahí parada desnudita, y al agacharse a la tina pude ver sus nalguitas moviéndose frente a mí. Observé su figura admirando sus nalguitas duritas. "OK, dulzura, ¡adentro!

Demasiado tarde me di cuenta de mi error. Al brincar hizo una gran ola que me mojó toda la ropa.

"¡Ey, cuidado, señorita!"

Tanya se volteó. Abrió los ojos y exclamó.

"Ohhhhh.... ¡Perdóname tío Don! Lo hice sin querer"

Ella es inteligente pero tardará un rato en dominar bien la física.

Está a punto de llorar.

"No quise hacerlo, tío.... Yo... yo sólo...." Tartamudeó.

"Todo está bien pequeña. Sólo necesito secarme. Nada más no lo vuelvas a hacer, ¿está bien?"

"Lo prometo. Lo siento."

Habiendo olvidado el accidente, empezó a bañarse. Tal como todo niño disfrutaba el agua y pronto todo era risas y sonrisas. Yo la observaba. Mi playera estaba empapada y trataba de exprimirla para quitar el exceso.

"Oh, está muy mojada, tío don..."

"Así es, señorita. Pero para mañana ya estará seca. No te preocupes."

Tanya me miró. "No debes de estar con la ropa mojada. Mi mamá dice que puedes pescar un resfriado."

"Ya me la quitaré. Sólo terminemos acá y te daré un gran abrazo en tu cama."

Ella pensó por un momento. "No tío, así no. Mi cama se mojará toda."

Sus ojos se abrieron. "¿Por qué no te la quitas ahora? Y entras acá conmigo"

"¿Quitarme mi playera y tomar un baño?"

"No, quítate toda la ropa, tonto! Ya no lo has hecho, cómo cuando yo era más chica."

"Cuando eras más chica yo te tenía que ayudar y no podía hacerlo sin mojarme todo."

Nos miramos y sonreímos. Ambos entendimos el chiste.

"Creo que no sería correcto entrar contigo, preciosa. Tú estás creciendo, tu sabes..."

"Oh, vamos. Nos hemos visto sin ropa antes. Recuerda que hemos ido a playas nudistas con el consentimiento de mis papás"

"Pero eso es diferente Tanya. Cuando estamos en la playa hay otras personas, pero acá estamos solos. No debemos hacerlo."

"Sí, estamos solos. ¿Y eso qué?

Miré esa cara angelical. Realmente no entendía mis preocupaciones.

"La tina es muy pequeña, Tanya. Estaríamos demasiado cerca uno del otro, tú sabes..."

"¡Yo lo sé! Entonces puedes bañarme como lo hacías antes."

"Ya eres lo suficientemente mayor para bañarte por ti misma. Además..."

"Ya se acerca de "las carisias malas" y todo eso. Ya no soy una bebe. Sólo quiero que me bañes, eso es todo. ¡Vamos!"

Ella estaba de pie frente a mí. El agua justo debajo de su pequeña vulva. Se veía tan pequeña, tan vulnerable, tan inocente. Y en su rostro esa mirada suplicante.

"Probemos algo antes, Tanya. No te muevas, por favor."

Miré sus hermosos ojos azules y sonreí, tocando su hombro. Su sonrisa creció, como si supiera mis intenciones.

Tomé ambos hombros y fui bajando mis manos por la espalda, hasta que descansaron sobre su pequeño trasero. Una mirada cuestionante apareció. Fui bajando por sus nalguitas hasta llegar a sus rodillas. Luego pasé a la parte de enfrente y empecé a moverme hacia arriba. Miré sus ojos mientras iba subiendo hasta estas a centímetros de su pequeña flor. Pasé de nuevo a su trasero y de vuelta a querer tocar su vulvita. Y justo cuando estaba a punto de tocarla dijo:

"¡Alto!"

Buena chica.

Mi mano tocó su pancita hasta que se detuvo en sus pequeños pezones. No hubo reacción. Con mi mano izquierda tomé ambas nalguitas. Aún no dijo nada. Entonces son mi dedo hice presión y fue desapareciendo dentro de aquel valle. La mano de Tanya tomó mi mano quitándola.

"No hagas eso tío Dom. ¡Se supone que no debes tocarme ahí!"

Sonreí mientras mi otra mano trataba de tocar su vulvita. Tanya volvió a tomar mi mano y la retiró.

"¡Dije que no!" me dijo enojada.

"¿Por qué no?" Pregunté

"Estás tratando de tocar donde yo no quiero. Eso es malo."

"¿Pero qué pasa si yo quiero?"

"No me importa"

"Por favor déjame tocarte." Moví mi mano hacia su puchita.

"¡Dije que no!" dijo Tanya muy enojada.

"¡Muy bien Tanya, esa era la reacción que esperaba!"

"Yo lo se tontito" Su cara sonrió de nuevo. "¿Entras conmigo?"

La chiquilla de cinco años había jugado bien su papel. Supongo que no había razón para no bañarme con ella, lo hicimos tantas veces cuando era más chica.

Comencé a quitarme la playera y luego seguí con mis shorts y mi bóxer y me deslicé en la tina.

"¿Lista?" sonreí, haciendo como sui fuera a brincar adentro.

"¡No brinques! Oh, tontito..." Tanya suspiró mientras entraba tranquilamente. Me senté dentro del agua con la chiquilla al otro lado. Ella brincó y de pronto tenía una chiquilla de cinco años sobre mi regazo. Me dio un gran abrazo.

"Yo sabía que entrarías. Ahora, báñame, porfa!"

Tanya se dio la vuelta y me pasó el jabón. Volteó y me regaló una enorme sonrisa.

"Debo de estar bien limpia, ¿recuerdas?"

Le devolví la sonrisa y comencé a enjabonarle los hombros, maravillándome de lo tersa que era su piel. Luego pasé a la espalda y a sus pechitos inexistentes. Le acaricié su ombligo haciendo que emitiera unas risitas. Mi mano continuó a su pancita, deteniéndose justo antes de la zona prohibida. Enjaboné sus piernitas manteniendo mi distancia de sus zonas privadas. Al pasar brevemente por su trasero ella dijo:

"¡Eso hace cosquillas, tío!"

"Lo siento, cariño."

No, está bien. Son unas cosquillas agradables"

Con mis dedos tomé por completo ambas nalguitas por la parte de abajo.

Tanya me volteó a ver y sorpresivamente separó un poco las piernas y mis dedos se colaron dentro. Yo los quité rápidamente.

"Debo de estar limpia, tío Dom. Tu lavaste mi colita cuando era pequeña, ¿recuerdas?"

"Tú sabes que eso no es correcto, Tanya. Tú lávate ahí."

"No es malo si yo lo quiero, tío."

La chiquilla separó más sus piernitas y se agachó un poco, haciendo que sus nalguitas se separaran frente a mí.

"¡Puedo ver tu culito, Tanya!"

"Ya lo sé, tío. ¿Me lo lavas, por favor?"

Y ahí yo estaba, a un metro de su colita y había separado tanto sus piernas que podía ver completamente sus encantos. Su traserito su había abierto que podía ver su anito rosado y debajo su vulvita. Aún en esa posición estaban casi completamente cerrados, sin nada de vello.

Me maravillé de la belleza, sus nalguitas separadas con sus partes privadas casi sobre mi cara. ¿Por qué estaría haciendo esto? Miré abajo y la cabeza de mi adolorido pene erecto salía del agua. No había marcha atrás. Está coqueta chiquilla me estaba prendiendo. Estiré la mano y toqué su trasero con un dedo en el medio. Pensé por un momento si debería de estar haciendo esto.

"Por favor, tío"

Eso era toda. Esto es lo que Tanya quería aun cuando era algo incorrecto. Mi dedo entró más y se detuvo sobre su agujerito rosado. Ella tembló un poco cuando lo sintió sobre aquel lugar que sólo ella debí tocar. Empecé a acariciarlo, lo que hizo que ella suspirara.

"Ah.... Oh... Lávalo más, tío Don...."

Comencé a pasar mi dedo por aquel valle de mi sobrina de cinco años. De arriba abajo, hasta llegar a los labios suaves de su puchita. Y vuelta a su anito, está vez aplicando un poco de presión. Cuando volví a su vulvita mi dedo entró brevemente y eso hizo que Tanya suspirara de nuevo. Mantuve mi dedo un momento y comencé a acariciarla, ¡y me percaté de que estaba húmeda!

Pasé a su colita y en el proceso pasé los líquidos al otro agujerito.

"Te enseñaré cómo, tío Dom. Lávalo por dentro."

Con ello, Tanya puso su dedito sobre su anito y comenzó a empujarlo. ¡No lo podía creer! Estaba masturbándose frente a mí."

"Ahora tú. Porfa."

Tanya movió sus nalguitas en señal de invitación. Despacio tomé más de sus juguitos y con cuidado hice presión sobre aquel agujerito suave. Poco a poco comenzó a relajarse y mi dedo entró un centímetro. Ella suspiró

"¡Auch!"

Me detuve.

"¿Dolió, preciosa?"

"No, tío." Pero tu dedo es más grande que el mío. Lávame ahora, por favor..."

Así que empecé a "lavar" dentro de mi sobrina. Aplicando un poco más de presión, mi dedo entró aún más. Tanya relajó su agujero y mi dedo comenzó a moverse dentro y fuera sin problemas. Era todo un espectáculo ver mi dedo adulto moviéndose dentro y fuera de la colita de esta niñita. Poco a poco el dedo iba entrando más y más hasta que Tanya empujó su colita lo que hizo que mi dedo se deslizará hasta lo más profundo de su pequeño recto. Ella gimió al sentir como mis dedos descansaban sobre sus nalguitas dándose cuenta que el dedo había entrado completamente.

"Oh, tío, tengo que ir.... Sácalo..."

Lo saqué despacio y ella salió de la tina y se sentó en el WC. Su cara enrojeció mientras dejaba que saliera. Un sonido nada erótico llenó el baño y un segundo sonido confirmó que también había vaciado su vejiga. Finalmente se limpió, no queriendo verme a los ojos.

Salí de la tina y tomé una toalla. Afortunadamente mi erección había disminuido, y comencé a secarme. Ella tomó otra toalla y con la mirada al suelo me dijo:

"Perdona... no sabía..."

"No hay nada que pedir perdón. Tenías que ir y eso era todo"

"Sí, pero..." estaba muerta de vergüenza.

"¿Quieres ir a la cama ahora?"

"Supongo. Sólo me lavo los dientes."

"De acuerdo. Mientras iré arreglando tu cama."

Fui a la habitación de huéspedes y me aseguré de que la cama estuviera acogedora. Puse unas cuantas muñecas de Tanya en la cama y bajé la intensidad de la luz. Entonces la chiquilla llegó con la toalla alrededor de su cuerpo.

"¿Lista para ir a la cama?"

Se quitó la toalla y la puso sobre una silla y brincó a la cama. Separé las sábanas y la arropé dándole una nalgadita y le di un beso en la frente.

"Buenas noches pequeña. ¿Estás bien?"

"Sí, tío Dom. Buenas noches. Y gracias." Cerró los ojos y puso su cabeza en la almohada.

Me di la vuelta para dejar el cuarto y cuando estaba por abrir la puerta escuche su suave vocecita. "¿Tío Don?"

"¿Si, Tanya?"

"¿Puedes venir un segundo?"

Me senté en la cama.

"¿Qué pasa, pequeña?"

"Yo...estoy avergonzada, tío. Se sintió tan bien, y luego..."

"¿Te gustó cuando te toqué ahí atrás?"

"Sí, Me gustó, pero luego se puso todo tan sucio..."

"Por eso no te preocupes. Si te gustó, eso es lo que importa. Tú no eres sucia para nada, Tanya."

"Pero cuando yo... yo tuve que, tú sabes... no lo harás otra vez, ¿cierto?"

"Sólo si tú quieres, cariño."

"Pero..." su voz se desvaneció, y miró entre mis piernas.

"Tu cosa está creciendo de nuevo, tío Don..."

"Sí, cariño. Hace rato también lo viste, ¿verdad?"

"Aja"

"¿Sabes por qué se pone grande?"

"Pasa cuando te gusta una chica, ¿no?"

"Si, básicamente."

"Entonces, después de todo, ¿yo te gusto?"

"¿Después de qué todo, cariño?"

"Después de lo sucio que pasó"

"Así es." Sonreí. "Aún después de aquello. Te amo, lo sabes. Pero ahora tienes que dormir. Mañana tendremos un día maravilloso."

"Ok. Yo también te amo, tío Don."

"Buenas noches, cariño"

Miré mientras cerraba los ojos y de un momento a otro estaba durmiendo y una sonrisa se dibujaba en su rostro.

Bajé al piso inferior y me senté en la sala ni poder creer lo que había sucedido. Empecé a masturbarme y el simple hecho de recordar su hermosa colita hizo que eyaculara con fuerza. Después fui a mi cuarto y me preparé para dormir. Después de todo yo también estaba cansado después de aquella erótica experiencia.

Capítulo 2

"Buenos días, bella durmiente."

Me desperté al sentir algo sobre de mí. Abrí los ojos y fui recompensado por la sonrisa más maravillosa y por la chica más hermosa sentada encima de mí. Su cabello rubio suelto y cuando bajé la mirada vi que estaba desnuda tal como el día que nació. Sus piernas estaban muy abiertas por estar sentada sobre mi pecho. No puede aguantar y dirigí la mirada en medio de esas pequeñas piernas. Ahí estaba de nuevo, esa puchita inocente, sólo que está vez ligeramente abierta, mostrando el interior de esa hermosa cuevita. "¿Qué estás mirando, tío Don?" Tanya hizo una mueca.

"Oh, sólo a ti, cariño"

"No deberías estar viendo eso, tío. Eso está maaaaal," ella rió. Al decir eso alzó las rodillas y se empujó un poco hasta que su vulvita estaba casi en contacto con mi nariz.

"¡Y esto también está muy maaaaaal!" dijo, tomando con ambas manos los labios de su vulvita y separándolos completamente frente a mí"

La última vez que la había visto de esta manera fue hace unos tres años cuando le estaba cambiando el pañal, y fue una mirada rápida. Ahora esta niñita estaba abriendo su vulvita a centímetros de mi cara, ¡y debo de admitir que era toda una imagen! En la parte de arriba podía ver su monte de venus y de la forma que la estaba separando permitía ver su pequeño clítoris.

Más abajo se podía ver la entrada de su vagina. Todo era muy suave y rosado. No me pude resistir y planté un beso al centro de su vaginita. Ella exclamó:

"¡Oh tío Don, está sucio ahí!"

"No cariño. Ya te dije que tú no eres sucia. Pero eso fue algo muy incorrecto."

"Entonces tú eres un tío travieso. Pero, yo también soy una niña traviesa."

"Eres muy hermosa ahí abajo, ¿sabías?"

"¿Tú crees? Siento raro ahí abajo."

"¿Cómo si quisieras hacer más cosas malas?"

"Sí, supongo..." habiendo dicho esto volvió a recostarse acercando sus partes privadas a mi cara.

"¿Quieres que la vuelva a besar?"

"Sip....."

Le di a su vulvita lampiña otro beso y luego seguí con varios más. Ella empezó a gemir cuando pasé mi lengua desde su vagina hasta su pequeño clítoris. Regresé a su vagina y la dejé un momento ahí, disfrutando el sabor de la chiquilla. Su respiración era errática y pude sentir y saborear los fluidos que empezaba a producir.

"Oh, para tío Don. Me da cosquillas y ¡¡tengo que hacer pipí!!"

Solté sus nalguitas y miré hacia su carita sonrojada.

"¿Te gustó?"

"Sí, pero debes parar. ¡No quiero hacer pipí en tu cara!"

"Ok. Podemos seguir más tarde, si quieres"

Ella brincó al suelo y quitó la cobija que me tapaba.

"¡Oh! ¡Otra vez está grande tío Don!" Hizo una mueca y bajó rápidamente las escaleras. Si sólo supiera lo que me hizo la pequeña traviesa....

***

Fue un día hermoso y deseaba pasarlo desnudo. Después de todo no había mucho que ocultarle a Tanya. Y seguramente estaría encantada también de no tener que tener ropa puesta. Me arreglé in poco y bajé a la cocina encontrándome a Tanya haciendo el desayuno.

"¡Estás desnudo, tío Don!"

"Así es. Al igual que tú, por cierto."

"Esperaba que pudiéramos estar en la casa sin ropa. ¿Está bien por ti?"

"Seguro, cariño, pero ¿puedo estar también desnudo?"

"¡Sí!"

"Vamos a desayunar afuera, ¿te parece?"

"No, pues entonces me tengo que vestir."

"No hay problema, afuera también podemos estar desnudos, ¿sabes? Los vecinos no pueden vernos. Ayúdame a llevar las cosas y desayunaremos en el balcón."

Y así lo hicimos. Hice café y tuvimos un maravilloso desayuno bajo el sol, desnudos y felices.

Cuando terminamos decidimos bajar al jardín y tendernos en el pasto sobre unas toallas. Fui primero por unas bebidas y un poco de bronceador.

"Te pondré bronceador, Tanya. Recuéstate."

Se recostó boca abajo y le comencé a aplicar en todo su cuerpecito sin olvidar por supuesto su firme trasero. Cuando mi dedo se coló entre sus nalguitas ella soltó una risita y me llamó tío travieso. Luego le pedí que se diera la vuelta y disfruté de ponerle bronceador enfrente. Sus brazos, hombros, pecho y pezones, luego su pancita hasta que casi toque su zona privada hasta terminar con sus piernas.

Me moví hacia arriba deteniéndome justo antes de su vulvita. La miré a los ojos y ella asintió.

"Está bien, quiero que me toques ahí ahora."

Así que deslicé mis dedos acariciando alrededor de su vulva. Cuando me moví entre sus piernas alzó las rodillas y las tomó con sus manos. Abriéndose por completo para mí.

Un retrato verdaderamente hermoso. Apliqué bronceador por todos lados. Ella se retorció.

"¡Espera! Ahora regreso"

Corrió adentro de la casa y regresó cinco minutos más tarde. Se recostó y volvió a tomar sus piernas en alto. Lo que sea que hubiera estando haciendo dentro había quedado bien limpia. Su colita olía a limpio y aún estaba húmeda.

"¿Puedes poner un poco? ¿Y adentro también?"

A pesar de que el sol nunca iba a entrar ahí apliqué un poco dentro de la colita de la pequeña, sintiendo como el agujerito apretaba mi dedo al meterlo y sacarlo. Gimió al sentirlo dentro de nuevo y cerró los ojos con satisfacción.

"¿Quieres un beso ahí abajo?"

Tanya abrió los ojos y asintió. Me acerqué y le di a esa puchita una larga lambida. Luego pase mi lengua entre sus nalguitas hasta llegar a su anito rosado. Se retorció de nuevo pero no dijo nada. Tomé eso como una buena señal e hice más presión. El ano de Tanya se abrió un poco, y la punta de mi lengua entro por la puerta trasera, para su gran placer. Gimió un poco y metí y saqué mi lengua por un rato.

"Oh, tío Don, ¿Por qué se siente tan bien? Por ahí es donde hago caca."

"Hay muchas cosas que no sabes aún, y esa es una de ellas. ¿Recuerdas en la mañana cuando pensaste que ibas a hacerte pipí?"

"Sí, fue extraño"

"No ibas a hacerte pipí. Lo que iba a pasar es que ibas a tener una sensación que las personas tienen cuando tienen sexo..."

"¿Era un orr-gasmo, tío Don?"

"Sí, cariño. ¿Cómo sabes de esto?"

"Mi mamá me dijo cuando me descubrió frotándome el otro día. Me contó acerca del sexo y todo eso y me dijo que era privado. Tú sabes lo que es incorrecto y todo eso."

"¿Y entonces que pasó con todo lo que hemos estado haciendo? ¿No te dijo que nunca lo permitieras?"

"En realidad no. Dijo que tenía que tener mucho cuidado y que no permitiera que nadie me tocara que no confiara. Me dijo que las malas personas me podían hacer daño."

"¿Así que yo no soy una mala persona?"

"¡Claro que no, tontito! Te amo y tú me amas. Es por eso que está bien."

"Eres una chiquilla inteligente. No permitas que nadie te haga daño."

"No lo permitiré. Pero ahora es mi turno de ponerte bronceador"

Y puso manos a la obra. Primero en mi espalda. Cuando llegó a mis nalgas se tensaron de manera automática, lo que hizo que soltara una risita. Cuando me di la vuelta, mi miembro estaba completamente rígido. Lo miró con curiosidad pero no lo tocó.

"Tío, ¿puedo?"

"Sólo si quieres, dulzura."

"¿Pero tío?"

"¿Sí?"

"¿Cómo es que no tienes pelo ahí? Los mayores tienen mucho pelo en esa parte."

"Me gusta más así."

"A mí también me gusta más así. Como los niños de la playa, sólo que es mucho más grande. ¿Puedo ponerle bronceador?"

"Si quieres. ¿Pero recuerdas lo bien que se sintió cuando te acaricié esta mañana?"

"Me chupaste, querrás decir"

"Sí... se sentirá igual de bueno si me acaricias ahí."

"¿Y sentirás como que quieres hacer pipí? ¿Y tendrás un orr-gasmo?"

"Sí, cariño. Y eso puede volverse muy sucio."

"¿Por el esperma?"

Esta chiquilla sabía mucho.

"Así es. ¿Podrás con eso?"

"No lo sé. Nunca lo he visto. Mi mami dice que es como crema. ¿Es cierto?"

"Más o menos. Es pegajoso y huele diferente. Pero es inofensivo."

Tanya no respondió, sólo puso bronceador en sus manos y comenzó a repartirlo. No sé si fue por instinto, pero cuando llegó a mis testículos lo hizo con sumo cuidado. Entonces tomó mi pene con ambas manos y empezó a subir y bajar. Yo suspiré.

"Oh cariño, ¡que delicia!"

Tanya sonrió y aceleró los movimientos. Miré sus manos mientras me masturbaba. Necesitaba ambas manos para lograr tomar mi miembro por completo. A los quince minutos sentía que iba a explotar.

"Oh Tanya, va a suceder. ¡Sigue haciéndolo!"

Y así lo hizo. La chiquilla me estaba haciendo una chaqueta como si fuera lo más normal del mundo y al ver esa figura desnuda junto a mí me llevo a un clímax como nunca lo había experimentado. Traté de aguantar lo más que pude pero al final convulsioné y un geiser de semen emergió cayendo en mi abdomen, sus manos, su cara y su cuerpo. Mi hermosa sobrinita me había dado el mayor placer.

"Puedes parar ahora. Oh, ¡fue el mejor que he tenido!"

"¿Lo hice bien, tío?"

"Excelentemente. Fue la mejor sensación que he tenido en mi vida. ¡Gracias!"

Ella rió. "Fue divertido. Pero esto es bien pegajoso" Miró sus dedos y los olió.

"¿Huele mal?"

"En realidad no, sólo diferente, creo. ¿Yo huelo igual entre mis piernas?"

"Para nada. Yo creo que tú hueles delicioso. Pero entremos a lavarnos."

Así que entramos y nos limpiamos entre risas.

***

"¿Quieres recostarte de nuevo en el jardín?"

"No tío. ¿Podemos ir a caminar?"

"Seguro. Podemos traer algo de almorzar y sentarnos bajo un árbol."

Y así lo hicimos.

"¿Debemos traer ropa? A lo mejor allá hay gente."

"No es necesario. Muchas personas toman el sol desnudos y aparte no está lejos."

"Ok. No estoy acostumbrada a ir muy lejos desnuda."

"Pues, es porque no vives en el campo. Y aparte a tus papás no les importa que estés dentro de la casa desnuda."

"Supongo que tienes razón. Me gusta estar desnuda,"

Tomamos las toallas y el bronceador y nos dirigimos a un logar acogedor.

Después de un tiempo ella habló:

"¿Tío Don?"

"¿Sí, cariño?"

"Supongo que no debo de contarle nada de esto a nadie, ¿verdad?"

"¿De qué?"

"De todo."

"Pues ahora sólo estamos sentados como tantas veces lo hemos hecho en la playa."

"Si, pero me refiero a lo que hicimos en la tina y en el jardín."

"¿Quisieras poder hacerlo?"

"No lo sé. Como que es privado. He escuchado como hombres son malos con las niñas y que ellas deben de contarlo."

"¿Eso es lo que te dijo tu mamá?"

"No... me lo dijeron en el parque. Mi mamá me dijo que estaba bien con buenas personas, Así que no lo sé."

"Eres muy inteligente, Tanya. Así que debes hacer lo que creas que está bien. Pero debo decirte que muchos dirán que lo que hice estuvo muy mal. Puedo ir a la cárcel por eso."

"Y ¿Qué pasa con lo que yo te hice? ¿Puedo también ir a la cárcel?"

"No. Porque eres una niña."

"Eso es tonto. Yo te pedí que me lavaras mi colita, y eso estuvo mal."

"Así es como funciona. En la mente de la gente yo soy el que tiene la responsabilidad."

"Pero..."

"No hay pero que valga. Así son las cosas. Te toca decidir qué hacer."

"Nunca lo contaré a nadie. No estuvo mal lo que hicimos."

"Le puedes contar a tu mamá. Ella entenderá."

"Oh, a lo mejor. ¿No te importa?"

"No, Tanya. De hecho he platicado de eso con ella y no le importa que te toque mientras tu así lo quieras."

"¿Has hablado con mi mamá de mí?"

"Así es. Sabe que tú eres una chica muy inteligente y que un día ibas a hacer lo que hiciste ayer.

Probablemente pensaba que esperarías unos años, pero te conoce."

"¡No soy muy inteligente!"

"Sí que lo eres. ¿Cuántos niños de cinco años conoces que hablen como tú?"

"No sé. Supongo que ninguno de ellos."

"Hay veces que actúas como un adulto."

"¡También puedo hacer muchas cosas tontas! Mira"

Y Tanya tomó el frasco de mermelada y se la vació sobre su pecho. "Ups." Rió.

"Eso quiere decir que tendré que tomarme el tiempo de limpiar a esta niñita. ¿Sabes? Me apetece comerte."

Me acerqué a su pecho y comencé a chupárselo lo que provocó una gran cantidad de risas.

"¡Tío! ¡¡Me haces cosquillas!!"

"Tengo que asegurarme que quedes bien limpiecita."

Continué chupando su pecho poniendo especial atención en sus pezoncitos. Paró de reír y comenzó a respirar con dificultad. Noté que sus pezones empezaban a endurecerse. Empezó a gemir.

"Oh tío. Esto esta riquísimo."

Fui bajando poco a poco hasta su pancita y su ombligo. Cuando me fui acercando a su pubis se quedó callada y sólo se escuchaba su respiración.

Miré abajo y me di cuenta de que también había que hacer limpieza de puchita. Me acerqué a su pubis y comencé a chupar alrededor sin ir al centro. Fue cuando sentí sus manitas tratando de acercarme a su vagina.

"¡Por favor, tío! Chupa mi puchita"

Comencé a chupar a detalle esa hermosa vulvita. Quitando primero la mermelada y para luego probar algo más rico. Tanya abrió por completo sus piernas y pronto empecé a darme un banquete de sus juguitos que brotaban de su huequito. Pasé mi lengua a su abertura anal y comencé a metérsela. Luego traté de localizar su minúsculo clítoris entre sus labios. Enloqueció.

"¡Me voy a hacer pipí!"

Trató de quitarme pero yo continué mi ataque a su vaginita hasta que de repente se puso rígida y su cuerpo empezó a temblar con su primer orgasmo de su vida. Me retiré de entre sus piernas.

Estuvo quieta por un minuto o dos.

"Oh, oh, oh...tío, ¿eso fue un orr-gasmo?"

"Sí pequeña, y uno muy bueno diría yo"

Me miró tiernamente echó la cabeza hacia atrás y suspiró:

"Delicioso. Mi mamá nunca me dijo que se sentía tan bien"

"no puedes explicarlo, tienes que sentirlo."

"Fue muy, muy, muy rico. ¿Tú sientes igual?"

"Probablemente. Lo que sí sé es que me encanta."

"¿Puedes hacerlo de nuevo?"

Miré esa carita de ternura. Que una chiquilla de cinco años te pida otro orgasmo es único. Es algo para ser experimentado."

"Esperemos un rato."

"Ok. Pero estoy toda pegajosa. ¿Me puedo lavar en el lago?"

"No sin mí. Vamos los dos."

"¡Sí!"

Nos metimos y comencé a lavarla tomando especial atención entre sus piernitas. Con cuidado empecé a meter un dedo en su anito a lo que ella hacía presión para meterlo más. Me di cuenta que se encantaba. Su culito apretaba mi dedo y cuando lo saqué ella se quejó:

"¿Por qué lo sacaste?"

"Mis brazos están cansándose pero más al rato podemos seguir jugando."

"Ok"

Recogimos las cosas y nos encaminamos de regreso.

Cuando llegamos le dije a Tanya que tenía que hacer unas cosas y que si podía jugar un rato por ella misma. Pasé la tarde viendo unas cosas de la semana.

Capítulo 3

Llegó la hora de la cena y llamé a "mi" niña.

"¿Lista para cenar?"

"Sí, muero de hambre."

Cenamos juntos, ambos desnudos. Me gusta andar desnudo cuando estoy solo, pero al estar Tanya hacían las cosas mucho más interesante. ¡Y ella lo disfrutaba!

Después de cenar, miramos un rato la TV con Tanya sentada en mi regazo. Al acurrucarse hizo que una parte de mi cuerpo comenzara a crecer. Tanya lo notó y empezó a frotar su traserito.

Se recargó y con su mano tomó mi pene y lo acomodó entre sus vulvita. Sentía sus pliegues acariciarme a lo largo de mi pene.

"¡Mira, soy un chico ahora!"

Tomó con firmeza mi pene y comenzó a masturbarnos a ambos de forma efectiva. Tuve que decirle que se detuviera pues haríamos todo un lío.

"Oh, se nota que te gusta. ¡A mí también!"

Pensé que estaba en el Cielo.... Nunca en mi vida experimenté algo así; ¡¡mi sobrina de cinco años estaba acariciando su puchita y afirmaba que le gustaba!!

"Vamos, tomemos un baño," le dije.

"¡Sipi!" Brincó de mis piernas dejando mi pobre pene abandonado. Aún no podía creer lo que estaba sucediendo entre ese preescolar y yo.

Subí las escaleras y encontré el baño cerrado.

"Espera, estoy en el WC"

Esperé.

"Puedes entrar ahora."

Entré y la encontré cerca de la ducha. Ambos entramos a disfrutar del agua caliente y empecé a bañar a la pequeña. La bañe a fondo, hasta dentro de su anito. Tanya separó las piernas para que pudiera meter más mi dedo. Pero decidí que podíamos seguir más al rato. Le dije que era su turno de lavarme e hizo un gran trabajo lavando mi pene y mis testículos.

Después nos enredamos en las toallas y nos fuimos a la recamara.

"Ahora, ¿qué haremos?"

"Seguimos divirtiéndonos, ¿qué te parece?

"¡Sí!" Susurró en mi oído, "¿Vas a volver a chuparme ahí abajo?"

"A lo mejor. Tal vez más si tú quieres."

La recosté en la cama. Abrí un cajón y saqué un tubo de lubricante.

"¿Qué es esto?"

Sabía que preguntaría pero sólo quité la tapa y le pedí que abriera las piernas. Ella lo hizo, revelando su pequeña vulva. Cuando dirigí el tubo más abajo ella me miró perpleja.

"¿Qué es eso tío?"

"Pronto los sabrás. No es nada peligroso."

Apliqué una buena cantidad entre sus nalguitas y empecé a masajear su agujerito. Apliqué presión y entró casi sin esfuerzo. Tanya jadeó cuando sintió mi dedo invadirla. Formó una "o" con su boca y comprendió la razón del lubricante. Le metí por completo mi dedo y ella soltó un sonido de satisfacción.

"¡¡Tío Don!! Eso se siente tan rico. Más por favor..."

Comencé a meter y sacar mi dedo sintiendo como su ano se relajaba.

"¿Más, Tanya? ¿Quieres otro dedo dentro de tu agujero?"

"A lo mejor... se siente tan bien..."

Apliqué más lubricante y con cuidado empujé un segundo dedo junto con el primero. Despacio empujé ambos dedos dentro de la chiquilla.

"Ahhhhh...ahhhhhh... ahhhhh... ¿que... estás... haciendo?"

La respiración de Tanya estaba entrecortada mientras su ano era abierto.

Mantuve quietos ambos dedos dentro de la niña de cinco años.

"¿Duele?"

"Ahh... no... sólo se siente.... Tan... lleno"

Saqué los dedos casi en su totalidad y luego volví a meterlos hasta el fondo. Tenía una mirada de incredulidad. Estaba pasmada pero no incomoda.

Hora del dedo número tres. Le apliqué más lubricante y toqué su anito abierto.

"¿Otro, cariño?"

Me miró sorprendida. Y simplemente asintió. No dolía en lo absoluto sólo resultaba ser el sentimiento más extraño que hubiera tenido. Como si estuviera haciendo una bien grande pero al revés. Era tan sucio, pero se sentía tan bien.

El dedo número tres hizo su trayecto dentro de la niñita hasta que estuvo bien adentro. Sólo cuando se detuvo empezó a respirar.

"Debo... debo ir al baño."

"No pequeña, acabas de ir. Sólo relájate y disfruta."

Tanya relajó sus tensos hombros cerró los ojos y descansó su cabeza en la cama. No moví mis dedos por un rato y entonces abrió los ojos.

"¿Están... tres dedos... en mi colita?"

"Sí cariño y se ve increíble."

"Quiero ver."

Tomé un pequeño espejo y le di el ángulo correcto para que Tanya pudiera ver lo que le estaba pasando.

Ella se sorprendió al ver su vulvita abierta y debajo su ano muy estirado con tres dedos dentro.

"Wow, se siente bien lleno. Tienes tres dedo dentro de mí."

"Te lo dije. ¿No me creías?"

"En realidad no. No duele para nada."

"Tu agujerito puede estirarse bastante..."

"Sí... mi colita está bien grande. Se siente tan extraño... ¿los mueves un poco?"

Con el espejo de forma que pudiera ver saque y metí los dedos un poco.

"Se siente raro pero definitivamente se ve más raro."

Ella tenía razón. Cuando sacaba los dedos parecía que su agujero tratara de absorberlos de nuevo. Cuando los metía el anillo desaparecía entre sus nalguitas firmes.

Moví los dedos un poco más rápido dentro y fuera de la colita lubricada de mi sobrinita. Parecía disfrutar el tratamiento y su respiración se sincronizaba con mis movimientos. Era todo un espectáculo.

Una chiquilla de cinco años no más de 1.20 mts. De alto con sus piernitas bien abiertas y entre su firme traserito metidos hasta el fondo tres dedos de un adulto. Gemía mientras sostenía sus piernas separándolas lo mayor posible. Sus ojos estaban cerrados y su boca abierta mientras se mecía de atrás hacia adelante.

Se veía tan pequeña, inocente y sexy.

Paré mis movimientos y despacio saqué mis dedos. Abrió los ojos.

"Tío, ¿por qué los sacaste?"

"Me preguntaba si podíamos tratar algo diferente... tú sabes todo acerca del sexo, ¿verdad?"

"¿Quieres decir el tener hijos?"

"Bueno... algo así"

"No puedo hacer eso... Soy muy chica para tener hijos y aparte no quiero tenerlos."

"No me refería a eso precisamente. ¿Sabes lo que hacen las personas que quieren tener hijos?"

"Aja. Es cuando el hombre mete su cosa dentro de, eh... aquí." Señaló su vagina.

"No puedo meter nada acá, tío. Aún está muy chica."

"Lo sé cariño. Nunca lo haría, por lo menos hasta que crezcas más. Pero me preguntaba..."

"¿Qué tío Don? Preguntó calmadamente.

"Cuando la gente tiene sexo y el hombre le mete el pene a la mujer, ambos sienten muy rico... ¿me entiendes?"

"Creo que sí."

"Para el hombre es como cuando lo hiciste esta mañana con tus manos, sólo que más rico."

"Sí, eso fue divertido."

"Cuando el pene entra en una vagina se siente mucho mejor pues la vagina le da unos apretoncitos muy ricos."

"¡Mi vagina es muy pequeña para tu pene!"

"Lo sé y eso no quiero hacerlo. Dolería bastante. Pero, ¿no te imaginas otro lugar para meterlo?" La miré sonriendo.

Pensó por un instante.

"¿Te refieres a mi colita?"

"Exactamente. Para mí sería fantástico y por lo que he visto a mi niña también le gusta que jueguen con su colita."

"Oh" Hizo cara de sorprendida y volteó a mi pene y luego a mis tres dedo tratando de comparar tamaño.

"Es más grande que tus dedos... no sé si mi colita es lo suficientemente grande para eso."

"Todo depende de ti. De todas maneras podemos parar en el momento que tú lo decidas."

Tanya no sabía qué hacer. Sin embargo la idea la emocionaba. Y después de todo sí le había gustado cuando los dedos estuvieron dentro de ella.

"¿Te gustaría meter tu pene en mi colita?"

La pregunta resultó increíble... imagínate, una niña de cinco años pidiendo que la penetre analmente...

"Oh Tanya, ¡me encantaría!"

"Ok, tratemos. Pero solo si eres bien cuidadoso. Si digo que paremos, paramos, ¿ok?"

"Por supuesto. ¿Quieres tratar ahora?"

"Sí."

Una respuesta simple pero que me iba a cumplir mis mayores sueños. La pequeña no había empezado a ir a la escuela y sin embargo ahí estaba queriendo que le metiera mi pene en su colita.

Me recosté junto a ella y le dije que quería que ella se sentara encima de mí, así tendría todo el control. Se le hizo buena idea.

Tomé el lubricante y le apliqué una buena cantidad a mi miembro. Luego se lo di a Tanya para que se aplicara un poco. Me miró un poco avergonzada pero separó las piernas y se aplicó un poco en su anito. Cada vez me excitaba más.

"Cuando estés lista."

Me miró sin saber a ciencia cierta que hacer pero se acercó. La levanté y la puse encima de mi pene. Ella separó las piernas y mi pene se frotó sobre sus labios. No puede resistirme y la froté varias veces. Le dije que ajustara su posición para que el pene estuviera en línea con el culito. Mientras alcancé a tocarlo y metí un poco mi dedo para poderlo relajar un poco.

"¿Lista Tanya?" tomé mi pene y lo puse donde había estado mi dedo. Me detuve un momento con la punta descansando sobre su agujerito rosadito y pequeño.

Tembló un poco y soltó un pequeño "oh". Luego asintió soltándola entonces y dejando que ella tomara el control. Con una mirada de concentración empezó a empujar.

Tomó mi pene y ajustó su posición. Sentí la apertura de su agujerito y supe que estaba alineado correctamente. Otra empujadita y sentí como se abría un poco. Tanya respiró profundamente y me di cuenta de que también lo había sentido. Empujó de nuevo. Nada pasó. Tanya se concentró más y unos dos centímetros entraron. Su mirada cambió a una mirada de horror mientras su anito se abría y la cabeza de mi pene entraba.

"Oh....está.... ¡está dentro de mí!"

Su respiración entrecortada al sentir su ano siendo abierto inmensamente. Lo detuvo ahí mientras su respiración se normalizaba. Su cara reflejaba una gran sorpresa, su boca y ojos bien abiertos. El sentimiento era exquisito. Su ano me apretaba mi pene con gran fuerza drenando casi por completo la sangre.

"¿Estás bien?"

"S...sí. Mi agujero está... tan grande, tío Don." Y en eso ella volvió a empujar. Sentí el anillo interior como daba paso a mi glande y unos centímetros más entraron. Esto hizo que pegara un grito.

"¡¡Ahhhh!! ¡¡Ohhhh!! ¡¡Auch!!" Sus lágrimas comenzaron a rodar. Se dio cuenta de músculos que no sabía que tenía ahí dentro. Había ido demasiado rápido, pero sorprendentemente no se retiró. Después de un minuto la sonrisa volvió a su rostro.

"Eso le dolió a mi colita. Pero luego se calmó... ya no me duele."

"Creo que mejor nos detenemos."

"No. Se siente tan grande... y tan bien. Mi colita está tan llena." Relajó sus piernas y empujó un poco más. "¡Tío! Lo siento dentro de mi pancita. ¡Hace cosquillas!" Casi medio pene estaba dentro de ella. Se detuvo por unos momentos con una mirada salvaje. Y en eso empezó a moverse hacia arriba y hacia abajo. ¡¡Ahora si la estaba penetrando tal como se debe!! No puedo describir la sensación de tener su pequeño recto frotándose alrededor de mi pene, sólo que si hubiera muerto en ese momento hubiera muerto como un hombre muy feliz.

Después de un rato sus piernas se empezaron a cansar y la posé sobre su espalda empujando sus rodillas sobre su pecho a lo que inmediatamente las tomó manteniéndose bien abierta.

Empujé un poco y Tanya respondió con unos gemidos.

Ahora podía ver bien lo que pasaba ¡y que vista!

Su puchita estaba bien abierta y se podía ver su vagina que no era más grande que la punta de un cerillo y debajo sus firmes nalguitas lo más separadas posible, entre ellas una línea carnosa que iba hasta su anillo rojo. Cuando empujaba todo lo que podía ver era un garrote incrustado en ella y cuando lo sacaba el anillo salía mostrando que estirado estaba alrededor de mi pene.

Nada de vello por ningún lado, y así permanecería por otros seis o siete años...

Yo era de tamaño estándar pero ella me hacía ver como un gigante. Cuando empujaba podía llegar a ver su pancita crecer.

Empuje un poco más hasta que Tanya se quejó y me dijo que no lo metiera más, pero por mí estaba bien. Era maravilloso ver su cuerpito y carita angelical y sentir esa presión alrededor de mi pene. No pude aguantar más y exploté. Por la gran presión pude de hecho sentir como la llenaba, como si estuviera orinando interminablemente dentro de ella hasta que paró.

Traté de recuperar el aliento y recobré los sentidos cuando habló.

"¿Puedes sacarlo, tío? Me duele mi colita."

Fui sacándolo y me asombró ver como aún estaba duro. Cuando el glande salió dejó su ano abierto por un rato. Luego fue cerrándose dejando escapar un poco de semen. Me acosté a su lado mirándola con admiración.

"Cariño, esta ha sido la mejor experiencia de mi vida. ¿Cómo te sientes?"

Me regalo una sonrisa. "Se sintió como si hubiera tenido dentro una pierna, pero la mayor parte del tiempo se sintió rico. Está adolorido, voy al baño."

Estuvo bastante tiempo en el baño pero por fin escuche cuando jaló el WC y se lavó las manos.

Entró en la recamara.

"¡Me duele! Toda la cosa blanca salió pero ¡casi no me pude limpiar!"

"Déjame traer algo que te hará sentir mucho mejor"

Encontré crema con anestesia. Le pedí que se recostara boca abajo. Separé sus nalguitas y le aplique sobre su anito. También apliqué un poco dentro dándome cuenta que aún se sentía abierto. Pero no había señales de sangre ni daños.

Le di una palmadita y le aseguré de que en la mañana estaría bien.

"Mmmm... mucho mejor tío."

Nos abrazamos.

Ya me estaba quedando dormido.

"Tío."

"¿Sí, cariño?"

"Sabes, me gustó tener tu pene dentro de mi colita. Me gusta también estar así abrazados. Te amo."

"Yo también, duerme."

Tomó mi mano y la colocó entre sus piernas. Con mi dedo acaricié desde su clítoris hasta su vagina. Me di cuenta de que estaba bastante húmeda. Tanya suspiró mientras la masturbaba.

Capítulo 4

Desperté el domingo con un cuerpito junto al mío y recordé lo que había pasado el día anterior. Fui al baño y la dejé dormida. Cuando regresé la encontré fuera de las sábanas con el pulgar en su boca y sus piernas bien abiertas. Con su mano se estaba acariciando. Fui por mi cámara digital e hice inolvidable ese momento. Luego fui a hacer el desayuno.

Escuché una vocecita y cuando me volteé tenía frente a mí una niñita desnuda con una amplia sonrisa.

"Buenos días, tío"

"Buenos días ¿Dormiste bien?"

"Como un tronco." ¿Qué vamos a hacer hoy?"

"¿Qué te parece si desayunamos, nos bañamos y tenemos más sexo?"

"Eres tremendo, tío. Siempre pensando en sexo."

"Mira quien lo dice. Te caché frotándote tu puchita esta mañana."

"¡No es cierto!"

"Sí que sí."

"¿Te lo demuestro?"

Le enseñé las fotos y no lo podía creer.

"Eres todo un ángel sexy."

"No soy sexy. Eso para para los mayores."

"Mira estas fotos. Mira tú carita mientras tienes tu mano, ¿en dónde?"

"Oh... hay veces que me despierto con muchas cosquillas ahí abajo y estoy toda mojada como si me hubiera hecho pipí."

"Así que tú también piensas en sexo. Así que eres muy sexy."

Le enseñé las demás fotos y fuimos a desayunar. Hicimos algunas cosas en el jardín y tuvimos un día normal excepto por el hecho de estar ambos desnudos.

Sonó el teléfono. Era mi hermana.

"Hola Don. ¿Cómo va todo?"

"Hola Mónica. Todo bien por acá. Acabamos de cenar. Parece que alguien quiere hablarte."

"Hola mami... si todo bien... si mamá... estoy toda bronceada... sí, me estoy portando bien... adiós."

Me pasó el teléfono.

"¿Mónica?"

"Veo que se la están pasando bien. Me imagino que no están usando la ropa con este clima. A Tanya le encanta estar sin ella. Rió."

"Es un ángel. Se está portando muy bien. Pero ¿recuerdas lo que platicamos el otro día? Pues ella ya empezó."

"¿Oh sí? Yo sabía que era curiosa. ¿Cómo respondiste?"

"Fue muy difícil resistirme..."

"Lo sé. Síguele la corriente si quieres y enséñale las buenas partes de ello si quieres. Confío en ti. Sé que la amas."

"Gracias."

"No hay problema. Escucha, la razón de mi llamada es para pedirte si puedes cuidarla por unos días más. La madre de mi marido no se siente bien y vamos a quedarnos para cuidarla."

"Está bien, no hay problema. Tengo la semana completa libre."

"¿Seguro? Muchas gracias"

"Por favor asegúrate de que utilice protector solar en todo su cuerpo, ya que tiene la piel delicada."

"¿En TODO su cuerpo?"

"Así es. Me imagino que ya hizo que le frotaras en todos lados, ¿verdad?"

"Bueno... pues sí."

"Está bien. Asegúrate de que mi niña sea feliz. Te quiero Don."

"Yo también."

"Te llamo el martes, ¿ok?"

"De acuerdo. Espero que todo marche bien."

"Yo también. Pásensela bien. Adiós."

Mónica colgó y Tanya me miraba cuestionante. "¿De qué se trata?"

"¿Quieres quedarte conmigo unos días más?"

"¡¡Sííí!!"

"Tus papás estarán de viaje un par de días más."

"Súper. Pero tío, le platicaste a mamá sobre... tú sabes."

"Sí. Ella sabe que estamos jugando."

"¿Qué dijo?"

"Que tú estás en control. Eres la jefa."

"Mamá me dijo que yo era la que tenía la decisión sobre mi cuerpo."

"Exactamente."

Tanya brincó y me abrazó con fuerza. Sentí como mi pene empezaba a crecer y se acomodaba entre sus piernas. Ella lo sintió y lo frotó con su vulva.

"¿Se siente bien?"

"Sí, cariño. Riquísimo. Por cierto, ¿cómo está tu colita?"

"Muy bien. Ya no me duele nada. Me gusta cuando tu pene frota mi colita y mi puchita... eh, vagina."

"Puchita está bien. Tiene muchos nombres y puchita suena bien en ti."

"Porque soy una niña, ¿verdad?"

"así es."

"Pero los niños no hacen esto." Exclamó frotándose con fuerza con mi pene y esbozando una gran sonrisa."

"Eres la mejor niñita del mundo." Le dije, besándole la frente y acariciando sus nalguitas.

"Y tú eres el mejor tío. Pero ahora suéltame debo ir arriba."

Me senté y prendí la TV. Tanya bajó toda limpiecita. Se sentó en mi regazo y miró la TV.

"Qué curioso, todos en la TV tienen ropa."

"Así es como vive la mayoría."

"Que cosa. Es mejor estar sin nada."

Se acurrucó y tomó mi mano depositándola entre sus piernas.

Estuve de acuerdo. Y empecé a acariciar su vulvita. Noté que estaba húmeda.

"Tío, ¿me puedo sentar en tus piernas?"

"Ya lo estás."

"Me refiero a realmente sentarme, como ayer."

En su mano apareció el frasco de lubricante. Mi pene tembló de emoción. Ella rió cuando lo sintió.

"Supongo que eso quiere decir un sí."

"Déjame checarte primero." Le di la vuelta y acerqué su traserito a mi cara. Separé sus nalguitas son mis manos y observé su anito. Estaba limpio y rosado. Supongo que se lo habrá lavado. Increíblemente no estaba irritado. Tenía razón cuando había dicho que estaba bien.

Tomé el lubricante y apliqué fuera y dentro de su ano.

"Tanya, mientras le pongo a mi pene ponle más dentro de tu colita."

Mi hermosa sobrina tomó un poco de lubricante con su dedo y se lo empezó a poner sobre su anito y dentro de él.

Cuando estuvo satisfecha se acomodó hasta que su anito y mi pene hicieron contacto y sin más preámbulos fue bajando permitiendo que mi pene desapareciera poco a poco dentro de ella. ¡Qué angosto se sentía!

Sentí como su recto me masajeaba.

Poco a poco el pene fue entrando hasta que sentí sus nalguitas reposar en mis piernas.

"Ahora... podemos... ver la TV."

Increíble.

¿Cómo lograba esta chiquilla de cinco años tener todo mi pene dentro de ella?

"¡Se siente tan bien, tío! ¡Me hace cosquillas!"

Empecé a acariciar su pequeño clítoris con los juguitos que brotaban de su vagina. Ella empezó a gemir y a mover todo su cuerpo.

Hasta que una gran sacudida manifestó que Tanya había alcanzado su orgasmo. Su agujerito se contrajo con fuerza alrededor de mi pene haciéndolo eyacular con fuerza dentro de ella.

Cuando ambos nos recuperamos ella se recostó sobre mi pecho.

"Déjalo dentro de mí..." Así nos quedamos viendo caricaturas y programas infantiles. De vez en cuando se movía y masajeaba mi pene lo que hizo que eyaculara dos veces más. Eventualmente mi pene perdía tamaño. "Oh tío, se está poniendo pequeño." Al final salió de su cuerpo seguido por unas gotas de semen. Contrajo su ano evitando que saliera más.

"¿Necesitas ir al baño?"

"Creo que sí. Me siento toda llena."

La puse en el piso y fue caminando despacio hacia el baño manteniendo sus nalguitas juntas con sus manos. Vi un hilo de semen como se filtraba y bajaba por su pierna. Me costaba comprender a esta niña como había podido pasar la última hora con mi pene muy dentro de ella....

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k

maravillosa historia, me gustaría leer cuando la nena se deje meter el pene dentrro de su apretada vaginita...mmmm

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